lunes, 18 de agosto de 2014

Arequipa: Agenda pendiente en el sector salud


Arequipa es y ha sido a lo largo de los años la segunda región, después de Lima, con mayor aporte al PBI nacional, con poco más del 5% del mismo. Es además, una de las regiones con mayor crecimiento del PBI per cápita, registrando un incremento de alrededor de 240% en los últimos 8 años.
A pesar de ello, algunos sectores no necesariamente han evidenciado una mejora significativa en su desempeño, tal es el caso del sector salud. Es evidente, tal como sucede en casi todo el país, que el sector se encuentra en emergencia y requiere de estrategias agresivas e innovadoras para mejorar su calidad, cobertura, costos, entre otros.En principio se aprecia un sector desarticulado, en el que los esfuerzos de la Dirección Regional de Salud, el Seguro Social, MINSA y las entidades privadas de este sector realizan esfuerzos aislados y con resultados de bajo impacto. Esto por cierto nace de una deficiencia a nivel de gobierno central, cuya estructura plantea un sector salud distribuido en 4 ministerios: Ministerio de Salud, Ministerio de Defensa, Ministerio del Interior y Ministerio de Trabajo y Promoción del Empleo. A ellos se suma un quinto actor, el Gobierno Regional.
La ausencia de una red de referencia entre los establecimientos públicos y privados de salud, la falta de coordinación, de liderazgo y de políticas claras, generan por decir lo menos, una situación caótica. En consecuencia, es importante que alguna de las instituciones relacionadas al sector, pública o privada, asuma un rol protagónico en la gestión del cambio. La coyuntura actual, con un sector público con problemas de fondo evidentes, me llevan a pensar que para asegurar los resultados de largo plazo, el liderazgo tiene que provenir del sector privado.
Pero este no es el único problema que afronta el sector. La falta de una cultura de prevención de la salud, origina no solo sobrecostos para los pacientes, sino también para las entidades prestadoras del servicio y para el Estado mismo. El promover esta cultura debe ser un esfuerzo de largo plazo, en coordinación con varios otros sectores, incluyendo el de Educación y el de Vivienda y Saneamiento. Campañas de educación al paciente de manera articulada entre todos los actores, mayor cobertura de redes de agua y desagüe, una currícula académica a través de la cual los profesionales de la salud no solo tengan vocación de curar sino también de prevenir, programas equivalentes al “médico de la familia”, son solo algunos ejemplos de lo que se podría hacer para generar un cambio.   
Michael Porter, en su artículo “The strategy that will fix heallth care”, publicado por Harvard Business Review en Octubre de 2013, menciona un concepto interesante que ya se aplica en otras latitudes con mucho éxito. Se trata de los IPUs (Integrated Practice Units) que no son otra cosa que unidades organizadas en función a una condición médica o a un segmento de pacientes determinado que requiera atención primaria (Ej. enfermedades respiratorias, enfermedades digestivas, diabetes, cáncer, etc.) y no a una especialidad (pediatría, odontología, ginecología, etc.) que es como funciona hoy el sistema peruano. Con este sistema se organizan equipos (administrativos, asistente social, nutricionistas, médicos, psicólogos, enfermeras, etc.) en torno a un objetivo organizacional común para atender el ciclo completo de la condición médica. Para que el mecanismo funcione debe tener una estructura administrativa y de programación simple, además de un componente de educación al paciente. El equipo además debe medir los resultados sistemáticamente, los cuales deberían reflejar menores costos, menos horas-hombre perdidas, mejores procesos y mayor calidad en los resultados. Sin duda es un modelo distinto, pero que ha dado muy buenos resultados en otros países.
Dos aspectos que también son trascendentales: gestión e infraestructura física. Está claro que la única forma de gestionar adecuadamente es teniendo información confiable en el momento oportuno. Las estadísticas actuales nos muestran información básica, genérica y desarticulada. Por tanto, una plataforma tecnológica que genere información estratégica e integrada para que se tomen decisiones a nivel regional o nacional y no solo a nivel de cada institución, es clave. Enfatizamos en que cualquier iniciativa de este tipo debe evidenciar un modelo centrado en el paciente y no solo en las necesidades de cada institución.
Finalmente, un esquema que viene cobrando cada vez más fuerza a nivel nacional, el de las asociaciones público privadas (APPs). Son modalidades de participación de la inversión privada en la cual se incorpora experiencia, conocimientos, equipos, tecnología y se distribuyen riesgos y recursos, preferentemente privados, con el objeto de crear, desarrollar, mejorar, operar o mantener infraestructura pública, proveer servicios públicos y/o prestar los servicios vinculados a éstos que requiera brindar el Estado, así como desarrollar proyectos de investigación aplicada y/o innovación tecnológica (1). Este mecanismo podría acortar la brecha de cobertura de servicios de salud, mejorar los indicadores de gestión, ampliar la infraestructura, implementar tecnología de avanzada, entre otros, solo hace falta la disposición de los distintos actores en querer hacerlo.
Hay muchas cosas por hacer y seguramente puede pasar mucho tiempo para que se empiece a notar el cambio. Sin embargo, ningún cambio se puede lograr, si es que no existe un punto de partida. El momento es ahora.


Hugo Paz Pastor,

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